Accidente enfermera

Los fanes y las fanas de Accidente deben estar preguntándose qué ha sido de mi gata, ya que hace varios meses que no publico nada sobre ella. Tranquilos y tranquilas, Accidente está bien, duerme mucho, come demasiado y sigue dando la vara como siempre.

Como no todo es devorar croquetas, asaltar ratones desprevenidos y despertarme a las seis de la mañana, la gata va encontrando su papel en la pequeña familia de Rennes. Ha decidido, ella sola, hacerme de enfermera y la verdad es que me sorprende que un felino que no he criado yo desde pequeño pueda ser tan cariñoso.

Ya os había dicho que Accidente me dice Jesús en gatuno cuando estornudo. Pues ahora viene corriendo desde donde esté cuando toso, para verificar que estoy bien y no muriéndome de una bronquitis. Y se me queda mirando, con esos enormes ojos verdes que tiene, hasta que bebo agua y paro de toser. Como si fuera mi madre.

Y la cosa no se queda ahí. Cuando el estómago me hace una de las suyas y se me hincha la barriga, me echo hasta que se me pasa. No me sucede muchas veces, así que no sé muy bien cómo la gata ha hecho la conexión entre verme echada y el vientre inflado, pero el caso es que se sube delicadamente sobre mi cintura, y con las patas almohadilladas que tiene, me hace un masaje. Durante varios minutos se pasea sobre mi tripa, cogiendo pequeños pedazos de piel y apoyando donde me duele, con movimientos de experta estomatóloga.

Cuando termina, se echa sobre mí para darme calor, apoyándose sobre la parte donde tengo molestias. Y ahí se queda, ronroneando hasta que me duermo.

Mejor que el bicarbonato, te lo digo yo.

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