Accidente liga por la noche

La Gata con Botas

Hace unos meses os contaba cómo Accidente se enfrenta en el jardín a su enemiga, Sardina, la gata vecina.

Os había contado también que una vez estuvo tres días fuera y nunca supimos dónde ni con quien, y que desde entonces la ventana que da a la calle está cerrada.

Donde yo vivo, que es una calle de casas unifamiliares con jardín, hay muchos gatos, y no todos tienen dueño.  Hay uno que se parece mucho a ella, hay otro medio tuerto, paticorto, negro y blanco (que en un gato no es lo mismo que blanco y negro), y hay otro pelirrojo.  Y una miríada de gatos de todos los tamaños y colores.

Cortejo sin apareamiento

Por la noche dejamos la puerta de la veranda abierta para que Accidente entre y salga como quiera. Antes llegaba con la gatera, pero dado que su tamaño se ha multiplicado por tres, hemos cerrado el hueco.  Una cosa es que los gatos sean flexibles y otra, como le decía yo a mi novio, que sean contorsionistas.

El año pasado, una de esas noches, escuchamos mucho ruido en la veranda. Mi novio fue a ver y se encontró a Accidente en actitud cariñosa con el gato negro y blanco. Le damos a Accidente la libertad que necesita, con la tranquilidad de saber que la gata está esterilizada, pero lo de traerse colegas a casa está terminantemente prohibido. Así que se expulsó al intruso sin miramientos.

Gata Salvaje

Hace un par de días descubrimos, como podéis ver en la foto, que Accidente es un poco casquivana y que ya ha cambiado de amigüito. Aunque el gato negro y blanco todavía se pasea de vez en cuando por nuestro jardín (como por todos los jardines de la vecindad), nuestra gata los prefiere rubios y alterna por las noches con el gato de pelo claro.

Todavía no lo ha traído a casa, sabe que de nada le va a servir una presentación oficial.