Accidente no es independiente

Hace mucho que no hablo de mi gata, pese a que sé que tiene un club de fans. Los otros dueños de gatos estarán de acuerdo conmigo en que la supuesta independencia de los felinos caseros es un mito. Depende de la raza, la crianza y del carácter del minino en cuestión.

Pues la mía no es independiente. Aunque el despertador suena a las 7.30,  el despertar sucede al menos una hora antes. Accidente tiene hambre a las 6 de la mañana y nos lo hace saber con un ritual matutino.

Lo primero es correr alrededor de la cama. Como el séptimo de caballería, sus siete vidas hacen un ruido infernal. El paseo se acompaña de concierto de uñas contra madera en Sol Mayor. Como no nos levantamos, el ataque pasa a fase dos. Salto acrobático con doble vuelta y caída acelerada sobre la cama, directamente en la espalda de mi novio. Sesión y masaje con ronroneo. Él ni se inmuta, así que me toca a mí. La muy gata sabe que soy la primera en levantarme y que ya estoy despierta, así que comienza a frotar su cabeza contra mi cara. A veces aún estoy amodorrada y me pego el susto padre cuando me encuentro dos luceros verdes con bigotas clavados en mis ojos al despertar. Luego se pasea por mi cuerpo, marcando cada paso y ronroneo que te crió hasta que me rindo y me levanto. Apago el despertador. Son las 7.20.

Ella me adelanta en las escaleras y cuando llego a la cocina ya me está pidiendo la comida. Le doy sus croquetas, meto mi taza en el microondas y me voy a la ducha. Cuando miro a través de la mampara, ahí está Accidente, con cara de gato de Shrek, preguntándose qué demonios hago cociéndome al vapor. Vestida y desayunada salgo cerrando la puerta a toda leche, porque si no, la gata se viene conmigo al trabajo. Llego por la tarde y me pongo delante del ordenador.

La gata deja su puesto en la ventana o su paseo por el jardín y empuja la puerta de la habitación maullando como una loca. Es como si me riñera por haberla dejado sola todo el día. Así que se sube de un salto a la cama y allí se acurruca. Se hace la dormida. Lo sé porque cuando estornudo me dice Jesús. En gatuno. Pero lo dice.

Ahora se apoya en la cama de al lado, pero estuvo un tiempo buscando un sitio apropiado. La mesa de trabajo, hasta que la eché, los pies de la mesa de trabajo, hasta que vio que era peligroso, e incluso el perchero que está a mi espalda. Se llama Accidente, pero se podría llamar Terremoto o Tsunami.

Si se me ocurre hacerle un cariñito a mi novio, ella se mete entre los dos, protestando.

A la hora de acostarse, después de media noche, la gata ya está en el dormitorio, roncando en el cesto de la ropa. ¿Echarla para poder dormir? Jajajaja. Imposible, se queda del otro lado de la puerta, llorando y gritando hasta que le abrimos.

Accidente no es independiente.

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