Alta velocidad y bajo rendimiento

Hace un par de meses, camino a París, el revisor anunció por el altavoz que el retraso (quince minutos) se debía a la llegada tardía de viajeros (neolengua). La verdad es que me extrañó que el tren esperase por los viajeros,  y preguntando descubrí que en realidad sí, los viajeros habían llegado tarde, justo en el momento en el que el tren cerraba las puertas y se disponía a partir.

No contentos con ello, se encararon con el personal ferroviario en el andén, y la violencia del gesto provocó no sólo una denuncia a la policía, sino que el tren se quedase, esperando a las fuerzas del orden.

En el viaje de vuelta, la revisora nos anuncia al menos dos horas de retraso (el trayecto dura 2,5h en condiciones normales), debido a “un accidente de persona”(neolengua). Si llegada tardía significa pelea en el andén, accidente de persona quiere decir que alguien se ha arrojado a las vías con la clara intención de suicidarse.

La revisora iba anunciándonos los diferentes trayectos que se le proponían al tren, alternativos a las vías de alta velocidad que estaban cortadas. De repente, el tren se detiene en plena oscuridad y la voz cansada de la revisora, que estaba en su primer día, nos dice “estamos parados en las vías y no sé porqué”.

No sé cómo, aparecemos en Nantes, y cinco minutos después de salir, un pasajero nos anuncia que hay cestas de comida en el descansillo del vagón. La revisora nos explica que los que vamos a Rennes tenemos que bajarnos en la siguiente parada (Redon) y cambiar de tren. Es decir, en vez de hacer Nantes- Rennes, que lleva una hora, hacemos Nantes-Redon-Rennes, que lleva dos y media. Los que tenían conexiones en Rennes, tendrán un autobús o un taxi. Cuando cambiamos, descubrimos que el otro tren también está lleno a reventar…

Yo me lo tomo con calma, me hago un hueco entre los equipajes de primera clase, y encogida en el estante me echo una siesta, para llegar a destino con 4 horas y media de retraso.

El accidente de persona, debería poder prevenirse si la seguridad fuese suficiente en las vías francesas. De los trayectos alternativos… mejor no hablamos.

Hace dos semanas, mientras estaba en una reunión, me anuncian que el Bruselas– París está teniendo problemas. Salgo un poco antes de la sala, con la intención de coger un tren, el que fuera, que me permitiese llegar a Montparnasse a tiempo de enganchar con el de Rennes. No hay información, no sabemos lo que pasa y somos miles los viajeros acumulados en la estación, en los trenes bloqueados, en los despachos de billetes. Cuando les preguntas, los revisores se encogen de hombros “No sabemos nada”

A las 19.30 asumo que aunque llegue a París no llegaré a Rennes. Me echo a correr, llamo al hotel (quedaba una habitación), y me pongo a hacer cola en el despacho de billetes en el momento exacto en que llegan cinco españolitas que me empujan fuera de la fila y me dicen “Que te crees tú eso”. Me sale del alma el más despectivo “Españolas”. Españolas por el mundo, altivas, maleducadas y ruidosas, dando ejemplo patrio. La líder me dice que miento cuando digo que llegamos a la vez y sus acolitas se asustan de mi “españolas” vergonzante. Mal vamos si esa es la actitud que tenemos en el extranjero.

Consigo un tren para el día siguiente, que me dejará en Rennes justo una hora antes de una reunión importante. El tiempo justo para atravesar la ciudad, ducharme y cambiarme de ropa. Mis compañeros me reservan un sitio para cenar en el restaurante y me acogen con un vermú.

El bloqueo en Bruselas fue debido a un cable eléctrico que se cayó, incendió un tren y en cadena, varios cables se descolgaron provocando un apagón general en las provincias del Norte. 20 h para arreglar el desastre.

Ambos casos demuestran que el tan manido TGV no sólo necesita una modernización, sino también un mejor mantenimiento. Y que el trazado en estrella de los recorridos es demasiado vulnerable a los accidentes. La información al viajero, cuando no está en neolengua, es nula o inexistente.