Ambizurda

Toda la vida he tenido que escuchar que soy torpe. Que no sé batir un huevo, colorear un dibujo, recortar o sostener apropiadamente un bolígrafo. La verdad es que no sé distinguir la izquierda de la derecha y que me toco la oreja donde tengo una fístula para saber qué lado es el correcto. Pretecnología, Dibujo, Baile y Gimnasia eran asignaturas imposibles. De gimnasia y el vértigo ya hablaremos, las manualidades eran una tortura china. Nadie quería tenerme de compañera cuando hacíamos un mural.

Hasta los diez años fui incapaz de montar en bicicleta, o de anudarme los cordones de los zapatos. Con once, pelé mi primera manzana. Con trece, mi tía abuela me puso a pelar patatas. “No puedo” le dije. “¿Cómo que no?” Y le costó, pero lo consiguió.  Con catorce mi madre y yo nos peleamos durante horas para que yo aprendiese a abrir la puerta de casa con las llaves. Hasta que llegó una amiga suya y le dijo “Ponle la llave en la mano izquierda”. ¡Clac! Milagro, la puerta se abrió en cuestión de segundos.  El método sirvió para varias cosas. El mechero para encender la cocina, con la izquierda. El lápiz, con la derecha. El teclado, mirando. La aguja de coser, el balón de baloncesto y la batidora, con las dos.

A los dieciocho años mi entrenadora de baloncesto me dijo que tenía “graves problemas de coordinación”. Con diecinueve, sacarme el carné de conducir fue una fiesta. “Si en el examen te equivocas, no te preocupes, salvo si tomas una dirección prohibida”, me decía mi monitor, muy tranquilo. Con veintidós, me saqué el título de Monitora de Tiempo Libre. La verdad es que la clase de nudos marineros fue una tortura. Es muy frustrante ver cómo los demás enlazan las cuerdas con soltura y a ti te salen unos churros preciosos.

En cambio, tuvimos un profesor de psicología que era un crack. La clase comenzó por una estadística. “Como somos veinticinco, vamos a hacer una pequeña prueba. De esos veinticinco, diecinueve, tienen que ser diestros. Que levanten la mano los diestros”. La levantaron diecinueve. Yo no. “Cinco tienen que ser zurdos. Que levanten la mano los zurdos.” La levantaron cinco. Yo tampoco.

Todas las miradas se clavaron sobre mí, mientras la mía estaba fija en el profesor. “Tiene que haber al menos una persona que sea incapaz de abrir una lata. Que le cueste un huevo batir un huevo. Que haya tardado años en atarse los zapatos, abrir una puerta o andar en bicicleta” Y levantando la mano, dijo “Esa persona tiene lateralidad cruzada. Cuando nuestros ojos se cruzaron, los míos estaban llenos de lágrimas. No era gilipollas, era diferente. Y existía más gente como yo.

El psicólogo nos explicó que el cerebro no es uniforme. Si escoge el lado izquierdo, la persona será diestra. Si escoge el derecho, zurda. Cuando ambos lados son seleccionados, la persona es ambidiestra, aunque seguramente termine por escoger un lado u otro. Pero hay casos en que el cerebro no escoge. Las señales se embarullan y la persona tiene ciertas dificultades a la hora de coordinar los movimientos, con la ventaja de pensar más rápido.

Ahora los maestros están preparados para detectarla y tratarla en la escuela, tanto los casos ligeros, como el mío, como los más complicados, como la dislexia. Yo no tuve esa suerte, pero sí que, al cabo del tiempo y pudiendo nombrar el desastre, he podido conocer a más gente con la misma característica. Una vez que lo sabes, la vida es más sencilla. Sigues siendo un poco torpe, pero al menos comprendes qué rayos te pasa.

 

COMMENTS

  • Favio

    Esto me puso a reflexionar…
    En mi caso particular yo soy derecho, apunto con mi ojo izquierdo y a la hora de comer tomo el cuchillo con la mano izquierda y si tengo que girar hacia la derecha o la izquierda debo recordar en que mano tengo puesto mi reloj. En lo que a caligrafia se refiere la mia es digna de lastima. Si me remonto a mi historia mi papa era originalmente zurdo pero en la escuela lo obligaron a escribir con su mano derecha (imaginate la caligrafia…)
    No fue hasta que conoci a mi actual esposa que ella me hablo acerca de la “lateralidad” y ella posee esa condicion. A decir verdad nunca me habia detenido a pensar en profundidad en esto hasta que lei el post de hoy y cai en este otro post que desperto mas aun mi curiosidad e interes sobre este tema.
    Muy interesante.

    • Igual, hasta es genético… A mi hermano le hicieron escoger “mano” en el parvulario. Si no me equivoco, Hortensia también es “cruzada”. Yo ahora lo llevo mejor, pero de niña fue toda una tortura.