Amor brujo

Como hoy es Halloween, aprovecho para compartir con vosotros un cuento que publiqué en 2010 en la Vanguardia, con la temática de esta noche de brujas como fondo:

Amor Brujo

Noche de Halloween, de Sahmaín, de muertos sin cabeza, de brujas, hechiceras, y por qué no, también de zorras. Salí sin ganas y con tacones de aguja. Del escote ya no hablamos, porque se juntaba con la raja de la falda. Era la gran noche, el Plan P. Éramos las tres marías, la alocada, la descocada y la desinhibida y el objetivo era comernos el mundo, aliñarlo con gin tonics y vomitarlo en una esquina.

Mi corazón aniquilado encontraría consuelo en el alcohol, y, por qué no, quizás trepando algún incauto. Vengarme en un pobre corderito del último cabrón que se fusiló mis sentimientos.

Pero ese pequeño capullo con alas que llevaba años evitándome también se había pasado con los martinis, así que entre cigarrillos mal encendidos a la cerilla y mojitos versión bretona, decidí que no estaría mal pasar un rato más mirando esos ojos azules.

Y luego me quedé un rato más, y otro rato más, y el rato ya dura y pasa de tres meses. Hoy me han enviado la carta formal de expulsión de las trepadoras de élite. Han dejado la camiseta 69 fuera del banquillo, porque mi fulgurante carrera les ha dejado el listón muy alto.

Y estoy en ese preciso instante en que sonrío idiota delante del espejo. En el que las mariposas me hacen cosquillas de los pies al mentón cuando cierro los ojos y abro los labios.

Creo que estoy enamorada, pero solo lo confesaré delante de mi abogado.

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