Cántame (un método para no ligar)

Hace unas semanas, el catorce de junio para ser exactos, me pasó una cosa rara de esas que sólo me pasan a mí, en la parada del bus. Era un día de esos horribles, donde apenas te has levantado de la mesa de trabajo para ir a buscar un bocadillo, y donde el tiempo se te ha pasado en cuentas, facturas, fotocopias, y el resto de actividades rutinarias que son imprescindibles pero que te dejan aburrida y frustrada. Para más inri, el día estaba completamente nublado, hacía un bochorno que te mueres y acababa de hacer las compras, así que también estaba cargada como una burra.  Y no os cuento las pintas que llevaba. En pleno junio, con la parka colgando de los hombros y el pelo en un moño desecho (mal hecho).

Allí estaba yo, maldiciendo el mundo y parte del extranjero, esperando el puñetero bus que llegaba con retraso como de costumbre, cuando, de repente, un chico se paró delante de mí. Quitándose los cascos me dijo que era muy guapa y que si podía cantarme una canción. Lo rechacé con toda la educación posible y él insistió.

Me dijo que era un cantante famoso de raï, que se llamaba “Che nosequé”, que salía en internet y que tenía que cantarme una canción. Y allí mismo se puso a cantarme. No me disgusta el raï, pero aquello se parecía más a un arapahoe afónico, chillando para que llueva, así que le contesté: “Has escogido un mal día para que yo pueda apreciar tu música”. Atónito, el cantante se puso de nuevo los cascos y se fue. Que conste que lo busqué en internet, pero ni rastro.

Eso me recordó que hace muchos, muchos años, alguien intentó ligar conmigo de la misma manera. En el Grietax, en Coruña, un viernes de agosto 2002. Que yo era muy guapa (y dale, voy a terminar por creérmelo) y que él era un cantante famoso. Que si me iba con él (¿a dónde? ¿al huerto?) iba a pasar una noche fantástica, me iba a tocar canciones con su guitarra y me iba a dejar pasar a su concierto de gratis y en backstage. La verdad es que lo mandé a tomar viento finamente, cogí a mi amiga y nos largamos al Studio 80, a ver si allí había gente más normal.

Al día siguiente, sábado, me fui con unos amigos a Ponteareas. La fiesta duró toda la noche y parte de la mañana. Cansada como nunca, me senté en una especie de piedra de aquella especie de after-hours-macro-discoteca en ciernes, justo enfrente de la pantalla gigante que ponía videos sucesivamente. Y allí salió el maromo susodicho, cantando una de las canciones que más me gustaban en aquella época. Me quedé blanca.
Para que veáis que los cantantes famosos ligan como los otros. Y también se llevan calabazas.

 

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