Chica del Orzán

Desnudando recuerdos

Con el ruido de los altavoces a toda leche me concentro. Es estúpido y contradictorio. Debería des-concentrarme, pero en realidad el ruido me aísla. ¡Vamos! Es como volver al Orzán. Como estar en el Indian o en el Coto, otra vez. Sitios que ya no existen, sólo en el recuerdo de los que pasamos por allí… los que pasamos por allí muchas veces.

Si no están en el No sé, No sé,  no sé dónde están” decía Iván, y se quedaba tan ancho.

Ya ni me acuerdo de cómo se llamaba el 7 Mandarinas cuando les dieron una paliza a mis amigos. Cuando, en prima, les llevaron una cazadora y “el móvil, si lo quieres, lo vienes a buscar a Monte Alto”. Eso sí, por aquel entonces, ese pub esquinero me parecía grande. Igual la barra era más pequeña.

Ya no hay miguitas de pan

La próxima vez que vaya a Coruña voy a dar una vuelta de reconocimiento por el Orzán. Una vuelta de “desconocimiento” más bien, o de “descubrimiento”. Ver cómo han cambiado las cosas y que a la desaparición de la Dolce, le siguieron muchas otras. Era un aviso que nadie supo ver.

Se acabó y se acabó. Una larga generación de coruñeses que pasamos por allí, al final, para cerrarlo. Lo cerramos. Lo abandonamos. Y desapareció la calle de los sueños, de la fiesta, de las peleas, de los primeros tacones con escote adosado. La calle del “¿Bajas?” Porque en Coruña no se sale, se baja. Soy una chica del Orzán y lo llevo con orgullo. Con orgullo enlutado por la pérdida.

EGEO
EGEO (Photo credit: cramaf)

Ex-chica del Orzán

Soy una chica del Orzán y ya no hay Orzán. Por lo demás, he emigrado y voy camino de convertirme en una señora seria.

Ya apenas quedan vestigios. Reminiscencias de la primera vez que “bajé” al Grietax, o espejismos en ese refugio nostálgico de una época que desapareció, como pueden ser el Alambique o el Garibaldi. Apenas queda nada, con el Club Coruña quemado (en todos los sentidos de la palabra), un Mosquito que revolotea sin zumbar y el Cotobelos hecho un “lounge”. Triste.

Eso me indica que, aunque vuelva, no puedo volver. La vida ha transcurrido sin mí y esa vida que era la mía no es más que un barullo (un baralle) de recuerdos subjetivos. ¿Alguien se acuerda del Niza, ese local efímero? Estaba delante del Bar Egeo.

Y a los dos se los llevó la tormenta.

 

COMMENTS

  • Fátima Dovigo

    ¡Qué decirte yo!!!!!!!!!!! Si formó parte tb de mi vida, de esos sábados donde tardabas casi una hora en recorrer la calle y ahora pasar y ver que no hay nada de lo que había antes… eso sí… el 7 Mandarinas es una parte importante de mí… ahora… ¿dónde vamos a ir cuando regreses?