Copas y bastos : Baloncesto y el tercer tiempo

El basket en Coruña

Copas sí, copas no, nadie puede negar que, aunque un poco basto, el equipo de Os Mallos era un gran club. En los mejores años teníamos 2 equipos femeninos (cadete y juvenil) y cinco masculinos (2 cadetes, 2 juveniles y un senior) sin olvidar la escuela.

Me acuerdo de aquellos árbitros que siempre pitaban a favor de los colegios privados. De mi amigo Diego, con su peca en la pierna y su chicho en la cabeza. O de Eduardo el moreno y de Jorge el rubio, los mejores pivots que se hayan visto de este lado de la Grela.

Entrenábamos en el pabellón de la Sardiñeira. Allí los vestuarios se dividían entre los equipos de niños y los de niñas. A partir de aquella época, siempre he dividido el mundo así “los niños y las niñas”… aunque entonces ya pasábamos de los quince y ahora de los treinta.

Las niñas éramos una pandilla de chulas de barrio. Nos entendíamos tan bien que nos pasábamos la pelota con los ojos cerrados. Salíamos de los entrenamientos perseguidas por los niños.  Un día nos cantaron “Quisiera ser” con coreografía y todo.

El Bosque

Otra discoteca que acabó quemada, como el Club Coruña. Allí aprendí yo salsa, incluyendo la famosa “vuelta de Jorge” (el moreno). Siempre me colaba en el bus de la Ronda. Bueno, “nos”, a mí y a mis dos amigas, que se enganchaban a mi abrigo como si fuese un salvavidas. La Marae, la Mari y la Patri, terrores de Cecebre.

Cuando llegábamos, lo primero era darle vueltas a Patricia, para que se le subiese la copa del garrafón más basto. Yo me tomaba mi tiempo para degustar mi Havana 5. Mari nos miraba como si estuviésemos locas.Una copa nos sobraba para toda la noche.

Copas en la Ciudad Vieja

La Mari y yo salíamos de copas casi sin pasta. Por ejemplo, gloriosa fue una noche en que bajamos con 600 pesetas. Los chupitos de Manolo nos animaron a jugar al “Tú la llevas” en una plaza del Humor desbordada de gente. Al rato otro loco nos lanzó una bola de plástico. Aquello fue un patio de colegio con cienes y cienes de personas, jugando y pasándose el turno, muertos de risa.

Y basta de nostalgias.