¿Dónde estará mi voto?

Derecho de voto nómada.

Dando vueltas por el mundo, me quedo sin voto. Me ocurre con cierta frecuencia, casi siempre en las elecciones al Parlamento Europeo.  En 2004 estaba en Namibia y en 2009 acababa de llegar a Francia. Ambas veces había sido imposible inscribirme con la suficiente antelación en el Censo de Residentes.

¿Cómo puede uno adivinar seis meses antes que le van a dar un trabajo en el otro lado del mundo? Ahora resulta que, por decreto, tampoco puedo votar en las elecciones municipales; dado que desde marzo 2009 no resido en mi ciudad. Y eso desde hace apenas seis meses, justo para la última convocatoria.

Maastricht y el voto

El fantástico Tratado de Maastricht, que por circunstancias conozco muy bien, me permite a mí y a los residentes en Unión Europea votar en la ciudad de destino tras cinco años de residencia.

Repito, tras cinco años de residencia. Me inscribí en el censo local en 2010 y las próximas elecciones municipales en Francia son en 2014. Así, no podré ejercer de manera efectiva mi derecho al voto (ni pasivo ni activo) hasta 2014 2019 . Eso, si no he tenido que cambiar de ciudad o de país en el intervalo. Es decir que, por una decisión que me parece cuando menos arbitraria, estoy castigada sin votar en una elección local durante casi diez siete años.

(CORRIGENDUM 28/04/2012: Me he quedado obsoleta. Los cinco años se establecieron al principio, siguiendo la propuesta del Consejo de Europa respecto a la Democracia Local. Sin embargo, cada país puede establecer (o no) sus demandas de “permanencia” para votar. En Francia, que es donde estoy yo, no parece que existan)

Alguno me dirá que si no contribuyo a la economía de mi ciudad, no está justificado que elija a sus representantes. Pues tanto yo, como las miles de personas que estamos en esta tierra de nadie de los derechos políticos, tenemos la mala costumbre de enviarles unas perrillas a nuestros familiares. ¿Alguna vez os habéis parado a pensar en el derecho al voto de los migrantes?

Sin hablar del motivo por el que nos hemos ido, por el que no hemos podido quedarnos y el que no nos permite volver, que es, precisamente, económico.

Derecho al voto

La Declaración de Derechos Humanos de 1948 reconoce de manera universal el derecho al voto en su artículo 21, replicado en el artículo 23 de la Constitución Española. Su artículo 11 afirma que ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad, además del 14 que reconoce la igualdad ante la ley de los ciudadanos españoles.

Desde el limbo de los votos imposibles, se me plantean muchas dudas…  ¿Por qué yo no soy igual a mis conciudadanos, o a los ciudadanos de otros países que sí pueden votar? ¿Cabe recurso de amparo? ¿De qué me sirve una nacionalidad si ésta está vacía de derechos?

Y sé que cuando obtenga las respuestas… me cambiarán las preguntas.

 

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