Douglas Adams: Guía del autoestopista galáctico

Ya no sé si fue por nuestro aniversario en noviembre o por navidad, pero el caso es que mi novio llegó cargado con tres libros, a cada cual más grueso y cada uno de su padre y de su madre: Hoolyblack de Mathias C., Circus Politicus de Deloire y Dubois y La Guía del autoestopista galáctico de Adams. No se puede negar que entre los dos hacemos una pareja muy ecléctica.

La respuesta es siempre cuarenta y dos

El caso es que la Guía es tan enooorme que me resultó muy difícil empezarlo. No porque me asuste la extensión, sino porque me conozco y nada más leer la contraportada sabía que el libro me engancharía. Y no es un tamaño que se pueda adaptar a una agenda como la mía, que si además del notebook tengo que meter el tocho en el bolso de mano, voy a acabar con la columna desviada.

Así que me contuve hasta agosto. Apenas hay reuniones y, por lo tanto, tampoco hay desplazamientos. Optimista de mí, pensé que lo terminaría antes de la vuelta al cole. Pero fue un agosto de esos raros, donde el trabajo se acumula antes de tiempo y en octubre allí seguía yo con mi libro. Siéndole totalmente infiel y cambiándolo por otras lecturas más ligeras (de peso) en cuanto tenía que salir por patas.

Lo he terminado hace un mes, y la verdad no me importaría volver a empezarlo mañana mismo. O ayer. O en un pasado-presente paralelo.

La vida, el Universo y todo lo demás

La Guía es un hermoso ejercicio de creación en el mundo de lo absurdo pero científicamente verosímil, si entendemos la ciencia en su versión de bolsillo de los programas de la 2. De los que había cuando se llamaba la Segunda, claro.

Para empezar, es una trilogía en cinco partes. Algo totalmente coherente si asumimos que el hecho de que una trilogía tenga que estar compuesta de tres partes no es más que una convención social contingente.

Otra cosa que destaca del libro es ese no parar de personajes secundarios, terciarios y hasta cuaternarios, de todas las formas, tamaños, colores y procedencias, vengan a cuento o no. La relatividad del individuo se enfrenta en La Guía del Autoestopista Galáctico a la inmensidad del Universo. Así nos encontramos con una infinitud de personajes “grano de arena”.

The Guide & a towel
The Guide & a towel (Photo credit: nicolas ‘nclm’)

La Galaxia es peligrosa… si quieres sobrevivir aquí nunca pierdas tu……. toalla

El tiempo y el espacio, e incluso el Espacio, no siguen un continuum, sino que se expanden y contraen a la voluntad del artista, que planta sus contextos y sus escenarios en pleno baile de San Vito, aderezado con parkinson y esquizofrenia múltiple. De nave en nave y tiro porque me toca, los eventos se transcurren en la Galaxia, en varios momentos indeterminados, que a veces hasta se suceden, se solapan o divergen.

Paradojas. Ésa es la clave del libro. La clave de los actores, porque no es un libro de protagonistas, sino de figuras representativas que de vez en cuando atraen la mirada del narrador (y del lector) y le presentan el mundo a su manera, tanto lo que les ha tocado vivir como su propia percepción.

Que no cunda el pánico

Si alguien que no lo ha leído llega hasta este párrafo pensará que el libro no merece la pena, por complicado e inconsistente. Siento haber dado esa impresión y retiro todo lo dicho. O quizás no, todo depende del universo paralelo en el que me encuentre en este momento.

Acercaos a una librería. Preguntad por La Guía del Autoestopista Galáctico. Leed la contraportada.

Ésa es la puerta de entrada a un viaje inolvidable. Que no cunda el pánico.

¡Hasta luego y gracias por el pescado!