El Osito Cochambre

No me gusta cómo escribe Ignacio. Él lo sabe, yo lo sé y lo hemos debatido en varias ocasiones. El Osito Cochambre es un libro muy suyo; con su dibujo sensible (y a veces sentimental) de los personajes; con sus adjetivos ajustados y, a veces, omnipresentes; con su acción que toca, en lo general y en lo profundo, ese interrogante indefinido que es (la conexión entre) la (no) muerte y la infancia.

Y, sin embargo, nunca he dicho algo que quiero expresar ahora. ME GUSTA LO QUE ESCRIBE; esas historias que otros no se atreven (no nos atrevemos) a tocar por considerarlas ñoñas, cuando en realidad se trata del ser humano real, en todas sus circunstancias, destilado en sus obras.

El Osito Cochambre es un libro que produce desazón. El protagonista es un imbécil incómodo, demasiado listo y demasiado cobarde para dejar de ser idiota y para cesar de sobrar. Es un protagonista atípico, ya que no actúa, sino que se deja llevar; naufragando en una vida, la que le ha tocado; mientras elabora en su mente la vida que se merece.

El libro me ha encantado y me ha sobrecogido. Me ha encantado desde la primera página, cuando empecé a leerlo porque el tren no llegaba, con la intención de dejarlo (y dormir) en cuanto estuviese sentada en el vagón (lo que fue imposible.) En cuestión de minutos me sumí en la piel del fracasado protagonista y en hora y media había terminado un libro que pretendía me acompañase durante un viaje de tres días.

Otra prueba de que me ha encantado es que esta reseña, la primera que escribo fuera de las tareas académicas, la he hecho a bolígrafo en un bus.

No suelo escribir en movimiento, porque me mareo; y no suelo escribir con tinta, porque no tengo costumbre y me molesta sobremanera escribir las cosas dos veces.

Como decía antes, el libro me ha sobrecogido por la desazón que subyace en los personajes. Todos se han rendido. De una manera u otra han aceptado la mediocridad como quien acepta el nombre que le adjudican en la pila bautismal. Y aunque aún conservan sus sueños, la esperanza brilla por su ausencia.

El primer problema que se me presenta tras la lectura de este libro es saber qué leo yo ahora. Responderé que en el aeropuerto me compré la historia de los Borgia relatada por Alejandro Dumas, que me pareció una lectura sencilla. Ligerita. Os podéis hacer una idea de lo catatónica que me dejó el libro.

En un año como éste, donde nos preguntamos qué será de nosotros; de qué color será el futuro, si es que existe; El Osito Cochambre es un espejo perfecto, ya que nos enseña lo que no queremos ver. Nos muestra el futuro que aceptamos, borregos inocentes, indolentes e incultos, cuando nos refugiamos en nuestra cueva y renunciamos al derecho a la felicidad.

Desde este borde del mundo, no puedo sino decir: “Leed El Osito Cochambre, y aprended, por filosofía inversa, a ser felices, ¡atajo de soplagaitas!”.

Lisboa 23 de Abril de 2012 – Día del Libro

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