El problema del seno

Escribo estas líneas apabullada por los titulares sobre Pri(ma)mark. Me he puesto de mala leche y me estoy preguntando si Freud en su inifinita sabiduría con lo de la envidia del pene no se olvidó de la nostalgia del pecho. ¿En qué cabeza de chorlito cabe que una madre no puede amamantar a su hijo en una tienda donde venden, entre otras muchas cosas, ropa de bebé?

Espera hijo, quédate aquí llorando y maldiciendo solo en el carrito que voy corriendo a adquirirte un baby mientras me sujeto las mismas para que nadie se dé cuenta de cómo se alimentan los niños. No vaya a ser que reventemos el cuento y se sepa que Papa Noel son los padres y los Reyes Magos la tarjeta de crédito.

Señores del Primark, háganselo mirar. Vuelvan a la infancia porque no creo que los hayan criado con leche de soja. Sean innovadores y vayan a un curso de tolerancia creativa o de design anatómico, porque las mujeres no sólo tenemos tetas, también tenemos hijos. Y muchas veces las unas van con los otros. Y se lo dice una que no tiene niño, pero cuya 105C se ha dado de bruces con sus minitallas de sujetador, que no me sirven ni de orejeras.

Si ese argumento no les vale, les doy otro. La mayoría de su clientela somos mujeres. De diferentes tallas, colores, edades y poderes adquisitivos, pero mujeres. Por si no se habían dado cuenta, somos las que hacemos cola con carrito, niño y marido esperando fuera en los sillones de masaje automático. Esas que abarrotamos el probador femenino mientras en el masculino el cliente solitario se tira un pedo silencioso y hace eco. Las que arrasamos su tienda en Fin de Año, Rebajas y el Día de la Madre que les Parió y Amamantó.

Imbéciles.