El retrato de Dorian Gray

Durante el mes de julio he comenzado a ponerme al día con la lectura. Uno de los primeros libros en caer fue El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, en inglés y en la edición de Penguin Popular Classics.

La novela es bastante conocida y ya ha sido llevada al cine y al teatro, así que no me extenderé en el contenido. Ni siquiera en la forma. El ejercicio hoy no consiste en hacer un resumen online de El retrato de Dorian Gray. Tampoco un comentario de texto formal y aburrido, sino que me gustaría compartir las sensaciones que me ha dado la lectura.

Primero, me encanta el sarcasmo que destilan los personajes. No hay ninguno que sea bueno. Son todos egoístas, malvados, pésimos, odiosos y depravados. No hay víctimas y verdugos, cada uno está dónde está porque se lo ha buscado. Sea en un teatrucho de tres al cuarto, siete metros bajo tierra, disuelto en ácido o en un fumadero de opio. En esta misma línea, cada diálogo es una afirmación del yo y no un intercambio de opiniones. Cuando los egos hablan, las almas se acurrucan y desaparecen.

Segundo, la consideración del arte como vehículo en sí mismo. Ya no es sólo el hedonismo que reverbera en el libro, sino la búsqueda de la belleza abstracta, sea en la pintura, en la música, en el teatro o en la escritura. El artista, según Wilde, pinta, compone, interpreta o redacta para sí mismo, trazando ideas puras, imágenes hermosas, en un súmmum de delirio auto-satisfactorio. El público desaparece de la escena, es totalmente prescindible. El arte transciende los tiempos, los espacios y, sobre todo,  las personas.

Como conclusión del libro, la vida en sí misma es un arte. Un arte cínico, individual, donde los otros no juegan más rol que el de cuerpos contingentes que pasaban por allí. Un arte encaminado a consagrar la belleza, la perfección, el placer, y la plenitud del yo.

Cuando escribió el libro, Wilde advertía de los peligros de la sociedad victoriana decadente. Lo que enseña El retrato hoy, no ha cambiado mucho. La sociedad consumista se ve acechada por las mismas cincuenta sombras. En resumen, tal y como he visto varias veces en Facebook: “Las cosas fueron hechas para ser usadas, y las personas para ser amadas. El problema de la sociedad de hoy en día, es que las cosas están siendo amadas, y las personas están siendo usadas”.

Estaría bien que os leyerais el libro. Si eso y tal, o sea, ¿vale?.

 

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