Alicia y el surrealismo

Iniciado en la década de 1920, el surrealismo es un movimiento cultural que tiene como objetivo (ver Wikipedia) “resolver las condiciones previamente contradictorias de sueño y la realidad.” Si retomamos la lectura de los libros de Lewis Carrol preguntándonos si Alicia es un libro para niños o para adultos, el surrealismo puede hacernos optar por la segunda respuesta.

En este movimiento, el arte se concibe como una forma de olvidar la realidad. Esta corriente del arte busca inspiración en la propia mente del artista y se olvida del pensamiento racional, porque la realidad no sirve. En los dos libros de Alicia, desde las primeras escenas, se nos invita a visitar otro mundo (el país de las maravillas, el reino de a través del espejo) donde ningún otro ser humano parece vivir.

Para estos artistas, el surrealismo permite encontrar una manera de que los seres humanos permanezcan encerrados en sí mismos y eso es exactamente lo que ocurre con Alicia. La niña pasa mucho tiempo caminando sin compañía, pensando o hablando consigo misma. Alicia actúa como si estuviera sola en el mundo, sin nostalgia de su familia o de la vida diaria, aparte de su gato Dinah.

En mi opinión, el símbolo más poderoso del surrealismo en los libros de Carroll es el predominio de un ambiente de fantasía, onírico e infantil. Un ambiente irreal que envuelve ambos viajes de Alicia. Las escenas están inundadas de objetos incongruentes que no se interpretan en su forma tradicional, por ejemplo, la partida de croquet. Por otra parte, Carroll combina lo monstruoso y lo sublime, a veces en el mismo personaje (el Caballero Blanco), a veces en el mismo lugar (la madera y el cuervo), a veces en el mismo animal (el pan y la mosca -mantequilla) haciendo collages extraños.

Otra cuestión en este sentido es la carga conceptual basada en el juego de imágenes ambiguas, como los personajes que rodean a la reina, el vocabulario inventado (véase la conversación con Humpty Dumpty) o la búsqueda de nuevas formas de composición y de alianza entre los géneros, poesía mezclada con baladas y prosa sin olvidar los enigmas y el ajedrez.

Todas estas características pueden tentar al lector a buscar más conexiones entre Carrol y los surrealistas. O no. O tal vez.