La Compañía: Robert Littell

Uno de los libros que más me ha enganchado, sin duda, es La Compañía, de Robert Littell. El tocho supera las mil doscientas páginas y está escrito con maestría puntillista. Cada escena, cada diálogo, cada personaje integran miles y miles de bytes de información, con lo que de vez en cuando se impone una pausa, milimetrada, antes de decirse ¡Ay Dios! ¿Y ahora? Y seguir leyendo como si nos fuera la vida en ello.

Y se nos va. Bueno, la nuestra no, la de los personajes, que se desliza ante nuestros subyugados ojos de lector pendiente de un hilo que está a punto de romperse en cada línea. Littell es un maestro del suspense y la tensión.

Además, el libro explica claramente la organización de la CIA y la repercusión de “La Compañía” en la política americana (y viceversa) desde los años 40. En un libro donde nadie es bueno, los malos son siempre los otros. El problema estriba en saber ¿quiénes son los otros?

Y en este juego de máscaras donde las personas tienen más capas que las cebollas, la novela sume al lector en una trama de espionaje de alto nivel, que se enreda y se desenreda en espiral desde la II Guerra Mundial hasta la caída de la perestroika de Gorbachov.

Mi parte favorita es la descripción de la revolución húngara, que es uno de los períodos más oscuros de la historia contemporánea europea. Littell nos cuenta varias historias que componen, en parte, la verdadera historia de la primavera de Budapest, tejiendo y destejiendo vidas como una Parca con Parkinson.

Que no os dé miedo la envergadura del tocho, es un libro muy interesante. Merece la pena dejarse sumergir en una obra bien documentada que traza y explica el ayer y el hoy, a través de la óptica de “los que están en la sombra”.