La enfermera que me salvó la vida

El 2 de agosto de 1986 hice mi primera comunión. El ocho de agosto casi me muero. Recuerdo que ese día había comido paella, porque durante varios años fui incapaz de soportarla. No podía ni olerla.
Tenía ocho años, mucha fiebre y no paraba de vomitar. Mi padre me llevó por la tarde a la Casa del Mar, y el médico me diagnosticó una gripe y me dio paracetamol.
Pero yo seguía muy malita y al caer la noche mi padre optó por llevarme al servicio de urgencias del Juan Canalejo (hoy CHUAC). Como no tenía fiebre (el paracetamol), el primer diagnóstico fue una gastroenteritis.
Que me hidratasen bien y que me llevasen a casa.

El momento que cambia una vida

Momentos después, mi padre me estaba poniendo la ropa. Era un pijama rosa descolorido de Snoopy, un chándal heredado de una prima. Primero me puso el pantalón y cuando el jersey ya estaba a la altura del pecho, una enfermera (o una auxiliar, no sé) entró gritando y le dijo que no me vistiera. Al momento me rodearon los médicos y me volvieron a hacer todo tipo de exámenes. Recuerdo que fui muy valiente cuando me hicieron la punción lumbar y apenas lloré. Recuerdo la oscuridad en la sala del hospital, y el frío. Era meningitis. Existen dos tipos, la viral y la bacteriana. La primera se cura fácil. Con la segunda, como le dijeron a mi madre, “o te mueres o te quedan graves secuelas en el cerebro. Y a tu hija le ha tocado bailar con la más fea.”

La enfermera era una chica de pelo claro, alta y delgada. Había visto un círculo de manchas violetas alrededor de mi vientre y por eso se puso a chillar. De no ser así, o si mi padre me hubiese puesto el jersey antes que el pantalón, las petequias (alguien me dijo que ese es el término) se hubiesen puesto negras y yo me habría muerto.

Salvada por la campana: Urgencias

Los médicos entraron y me pintaron las dichosas manchitas con rotulador, para ver cómo crecían y se oscurecían. Señal de que me moría. Estuve varios días a punto, en la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos. UCIP decía mi pulsera blanca en la muñeca. Recuerdo que tenía millones de cables distribuidos por todo el cuerpo. Recuerdo a un niño rubio a mi lado que no hablaba. Recuerdo a mi madre y a mis tías hablándome por el interfono detrás de un cristal. Recuerdo que lloraban y yo no entendía por qué. Recuerdo que en la tele ponían un ciclo de Marlene Dietrich.
Lo que no recuerdo es el nombre de la enfermera que me salvó la vida.

Ahí queda mi foto en aquella época, por si acaso se entera y un día de estos puedo darle las gracias, porque aún estoy aquí y puedo contarlo.

Nota Otoño 2012:

Se me ocurrió la idea de buscarla en Enero de 2012. No hay un porqué, sino una toma de conciencia. No es un proceso causa-efecto, ni vino a verme la Virgen, simplemente, contando la historia a unos conocidos, me di cuenta de que tenía que darle las gracias.  No se trata de invadir la vida de nadie. Lo que pretendo es un “Hola, estoy aquí, estoy viva y te doy las gracias”

Lector que has caído en mis manos. Lo de encontrarla va en serio. Si quieres ayudarme haz click en uno de los botones de abajo, a ver si pasando la voz…

COMMENTS