La noche de la jinetera

Jordi Sierra i Fabra es un autor que me cuesta mucho. Su ritmo es muy lento, y su registro, quizás porque ha escrito y escribe mucho para adolescentes, a veces es muy bajo, como si escribiera libros para zombies. Decía Jardiel Poncela que lo que se lee sin esfuerzo ninguno, se ha escrito siempre con un gran esfuerzo“. A mí me pasa un poco al revés, que si lo leo sin esfuerzo (sin que me haga recapacitar) lo que me cuesta es terminar de leer.

Y sin embargo, me he tropezado con un libro que echa por tierra todos estos prejuicios. La noche de la jinetera nos revela un Sierra i Fabra diferente, capaz de mantener varias tramas paralelas a la vez y que desmitifica con una verbalidad meticulosa el ambiente de las calles de Cuba. El libro podría encajarse en la novela negra, salvo por el pequeño detalle de que los personajes no son estereotipos: el malo, la guapa, el detective; sino seres humanos con sus más y sus menos. Viviendo su cotidianidad entre el desastre y la utopía. 

El libro comienza con la muerte de Estanis, un amigo del protagonista, Daniel Ros. Y si nos quedamos en este punto de partida para definir el libro, mentiríamos, yo la primera. El libro cuenta varios viajes, físicos y personales. El más evidente, cómo llegar desde los estereotipos españolizados a la Cuba verdadera, donde las jineteras son mujeres y no prostitutas. El libro también narra cómo descubrir que el sexo no es un producto, sino un intercambio, cómo manejarse cuando el bien y el mal se entrecruzan y ya no sabe uno a qué atenerse… no son sino ejemplos de los múltiples viajes que emprende el protagonista. Y el lector con él, saltando del precipicio de los tópicos para encontrarse encastrado en las gafas de la realidad.

La noche de la jinetera es eterna. Como el mundo.