Los Hermanos Karamazov

Sé que habiendo leído poco me arriesgo a que me llaméis pretenciosa, pero tengo que decirlo: me encanta la literatura rusa. Me leí Ana Karenina (de Tolstoi) del tirón con catorce años, mientras mis tías me miraban asombradas devorarme “el tocho”. Hace cuatro años me leí El jugador de Dostoïevski y en 2012, Los Hermanos Karamazov.

He de confesar que al principio me costó engancharme a este último, que es un libro que empecé dos veces. La narración es muy densa, con miles de detalles, descripciones físicas y psicológicas, opiniones y teorías filosóficas que van desde la teología más pura al nihilismo más absoluto.

Ahí reside precisamente el encanto de esta obra, el lector se ve sobrepasado por la información que nos ofrece un narrador omnisciente muy peculiar. Información que es a veces tan contradictoria que uno no puede evitar preguntarse ¿y ahora qué? ¿Cómo deshacemos este nudo? Y ése es el punto en el que el libro te atrapa.

Durante la lectura el suspense se alterna con el odio, la tristeza, el miedo y hasta la ternura. El libro presenta un retrato descarnado de la Rusia de finales del siglo XIX, donde germinan ideas nuevas y las antiguas se resisten a desaparecer. También es un libro donde predominan personajes masculinos, que quedan lejos del estereotipo héroe guiado por la testosterona, reflejando conceptos como el deber filial, la búsqueda de la afirmación, la fe y su pérdida, el hedonismo y el honor. Los dos personajes femeninos principales son contrapuestos, oscilando entre una dama virgen y abnegada y una mujer de la vida manipuladora.

Para preparar esta reseña me acabo de leer la biografía de Dostoïevski en la Wikipedia. No os la voy a contar, pero se me ocurre que puede ser un buen ejercicio haberla leído antes y jugar a un juego mientras leéis el libro: Encuentra al personaje. No es una novela autobiográfica, pero sí que se puede jugar al “quién es quién”.