Marae viendo llover en Macondo

Estoy triste. No me sentía así desde el 17 de mayo de 2009, el día en que murió Benedetti. Gabo se ha ido y nos ha dejado un poco más náufragos, con cien años de soledad a la espalda. Quizá está sentado en un café de Macondo viendo la vida pasar, contando los tiempos enamorados del cólera y otros demonios.

Estoy triste. Triste tras años de una crónica de una muerte anunciada, de este sufrimiento lánguido, viviendo para no contarla y sin nadie que le escriba. Hasta las putas sin memoria están de duelo.

Empecé a leer a Márquez con Relato de un Náufrago. Una historia terrible, donde los naufragios se suceden, primero en el mar y luego fuera de él. Donde se alternan las tormentas, las reales y las deliradas. Una obra cruda, dolorosa, directa, que te encoge el corazón y te deja temblando, si es que uno puede temblar de soledad.

Como tiemblo hoy. Gabo ha muerto.

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