Marae y el cuervo

Hace poco estuve viendo un documental en ARTE que demuestra que los cuervos son tan inteligentes como los simios. No sólo aprenden, recuerdan y transmiten información esencial para la supervivencia, sino que son capaces de construir útiles complejos para pescar o construir un nido.

La verdad es que no me sorprendió en absoluto. Se les olvidó añadir que tienen personalidad propia y que les encanta chotearse del personal cuando pueden. El otro día, volviendo a casa, escuché de repente a un cuervo partiéndose de risa sobre mi cabeza. Levanté la mirada, y allí estaba el pajarraco, tan tieso y tan campante.

¡Te vas a enterar! le dije mientras buscaba mi cámara en el bolso. Así quedamos iguales, de roba-almas a roba-almas. En cuanto vio la cámara, se echó a volar. No tuve tiempo ni de encenderla. Aunque el bicho no se esperaba el zoom de la cámara, yo tampoco conté con el enfoque… Fracaso total.

No era un buen día. Me acerqué al cajero y la maquinita se negó a darme dinero. Un día antes de salir de viaje que no te funcione la tarjeta de crédito es como cuando se le encasquilla la pistola al héroe en un duelo al amanecer. Llamé a mi novio y, mientras llegaba, le pedí que comprobase la web del banco, a ver si tenían “problemas técnicos.” Pues no.

Sábado por la tarde, saliendo el domingo a mediodía para Cork y con 70 céntimos en la cartera. Fantástico.

No me extraña que el cuervo se escojonase.