Misa de difuntos: el cura equivocado

Que conste que soy agnóstica pero que mi educación católica me ha dado una imagen de Dios = Padre que me parece la lógica, si es que la fe puede definirse en esos términos. Hace poco menos de un mes tuve que asistir a una misa de entierro. El funeral se realizó en una iglesia bretona preciosa de grandes arcadas, con el altar en madera y con los armiños ornando el techo.

La foto es la Catedral de Reims, by the way.

Hacía frío. Me senté en primera fila, con la familia.

Comenzó la misa.

Lejos de mí la intención de decirle a nadie lo que debe ser una misa, pero o muy mal acostumbrada me tienen los pastores gallegos o la ceremonia a la que asistimos no tenía nada que ver con un Padre que acoge el alma de su hija fallecida y el dolor de sus familiares.

La primera frase fue “estamos de celebración”. Pues no señor, no lo estamos. Estamos de entierro.  Incluso si admitimos que la vida del cristiano está encaminada al encuentro definitivo con San Pedro y a la entrada en el cielo, la muerte no es motivo de júbilo. Los discípulos de Jesús e incluso su Madre lloraron la muerte de Cristo. No celebramos nada, acompañamos a una mujer hasta su última morada.

Pues no contento con eso, “la celebración” fue el tema de la homilía. La homilía es el diálogo del sacerdote con la congregación después de leer el Santo Evangelio. Primero, que normalmente se escoge un pasaje del Evangelio que sea de consuelo y de esperanza, que hable de resurrección. En estos casos se opta por prescindir del “texto del día” y se busca una ilustración que permita a la familia afrontar su pena. Pues tampoco. El texto no tenía nada que ver con el momento, y la homilía mucho menos. Pocas veces he asistido a un discurso tan impersonal y fuera de contexto.

Pedid y se os dará

Hay una parte muy bonita de la misa en el que los fieles leen sus peticiones a Dios. Repito: “los” y “sus”. A mí me encanta cuando las leen los niños. Muchas veces he visto cómo las preces, que así se llaman, se escriben directamente o se escogen pensando en el día que se van a leer. Y en los bautizos, comuniones, bodas y funerales, las lee alguien cercano. Esta vez las leyó una mujer, que seguramente ejerza funciones de diácono, y no eran insulsas, eran lo siguiente. Creo que Dios en ese momento cambió de canal.

Un pormenor, en las misas que son de pago, como las de difuntos, no se pasa la cesta. En ésta, sí se hizo. No dejaré de mencionar que el vino era blanco, antes y después de la consagración. Igual como consecuencia del CD rayado que sonaba de fondo.

¿Caridad cristiana?

Sin embargo, esto no son más que detalles. Lo que me indignó fue el trato frío, impersonal y hasta despectivo que se permitió el sacerdote con la difunta y con la familia. Primero, los cristianos son hijos de Dios, y su Padre los llama por su nombre. ¿Alguien se imagina a un progenitor llamando a sus hijos por el apellido? Llamar a la fallecida “señora XXX” y no por su nombre de pila (de bautismo) no es piadoso, peor aún si se le olvida éste en medio de una frase. Eso dice mucho de la concepción que de su misión tiene el susodicho sacerdote. Segundo, hacer en ese momento alusiones negativas sobre la gente que no tiene fe, dirigidas a la parte de la familia que no es católica y mirándoles fijamente delante de todo el mundo, no es de recibo.

La virtud de la caridad no consiste solamente en dar dinero.

 

COMMENTS

  • Muy verdadera sus palabras, yo tambien soy agnostica e tuve una educacion cristiana. Igual que tu solo voy a la iglesia para casamientos e entierros. RT ” La virtud de la caridad no consiste solamente en dar dinero.”

  • Creo que no estoy de acuerdo en nada o casi nada de lo que hace la Iglesia, y este caso no es la excepción. Con respecto al tema de cómo se trata la muerte, son interesante las diferencias culturales al respecto, las hay y muchas, es un tema en el que me gustaría profundizar.