No me gusta Johnny Depp

En una de estas discusiones de alto nivel intelectual que se tienen en Facebook a altas horas de la madrugada me di cuenta de que soy una de las pocas mujeres heterosexuales del planeta que no siente una irresistible atracción física por el marido (todavía) de Vanessa Paradis. Reconozco sin problemas su capacidad como actor, que ya quisieran muchos, e incluso como miembro de reparto que tira hacia arriba de compañeras tan insulsas como Keira Knightley. Pero físicamente me parece flacucho y pequeñito, con cara de mala ostia y aún encima con barba a medio ras, palabra.

(La foto es de Nico Genin, de su cuenta Flickr)

Siempre he sido así, es decir, cuando mis compañeras de instituto llenaban sus carpetas de fotos de Tom Cruise o del guaperas de turno, yo coleccionaba citas de libros, leía Ana Karenina y me chapaba todos los ciclos de cine clásico (de John Wayne a Katherine Hepburn) de la Segunda, que aún no era La2.
Sin embargo, acabo de descubrirme una manía y me he preocupado, a ver si es que me estoy convirtiendo en la versión femenina del Profesor Fink. Soy fan de Catalina de Médicis, su familia y su época. Y me acabo de dar cuenta.
Todo empezó hace unos veinte años, cuando cayó en mis manos un libro sobre el poder que las cortesanas ejercían sobre los diversos reyes de Francia, con Diana de Poitiers y Henri II (marido de Catalina de Médicis) como protagonistas principales, sin olvidar las damas del “Escuadrón Volante“, la propia cohorte de Catalina. En primero de carrera, el profesor de Teoría del Estado nos puso La Reina Margot para enseñarnos, a través de la sangrienta película, la construcción del Estado absolutista. Años más tarde, haciendo el Erasmus en Francia, cayó en mis manos un ejemplar de La Princesa de Clèves, que no pude terminar porque el impresor se olvidó las veinte últimas páginas.
En 2009, de vuelta a Rennes, una biografía de Catalina fue la lectura escogida de viaje. El primer libro que me compré una vez allí, fue la novela que Dumas escribió sobre su hija, la conocida “Reina Margot”. Dos años después, en la estación de trenes de la sin par ciudad de Niort, descubrí una colección sobre los tres “Henri” (Henri III, hijo de Catalina de Médicis, Henri IV, rey de Navarra y Henri de Guisa, jefe del partido católico) que acabé un par de semanas antes de que mi novio me regalase la biografía novelada de Charles IX (el hijo mayor de Catalina).
Hace unos cuatro meses pude, al fin, releer La Princesa de Clèves, terminándola de una vez. Y desde hace una semana estoy embebida en una biografía de Catalina que tiene sólo 800 páginas; en un libro que es una cuarta más ancho que la media.
El libro ha sido revelador, no sólo porque me descubre una imagen muy diferente de La Reina Negra, sino porque me ha permitido enhebrar todos los libros que había leído antes sobre el tema (media docena). Después de 6 libros y seiscientas sesenta y seis páginas, he descubierto que el amor imposible de Marie de Clèves es nada más y nada menos que Henri III (en el libro lo denominan Duque de Anjou) y que soy devota de Catalina de Médicis y toda su saga.
Fan de las guerras de religión francesas, ¡a ver cómo presumo yo ahora!

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