Notas a toda Velocidad

Me apetece encerrarme en algún lado y ponerme a escribir. Cuentos. Proyectos. Planes. Cosas. Crear. Crear un mundo, varios cuentos y un porrillo de poemas que borden el presente. Convertir mi letra de médico en Letras sin Filosofía.

Sigo escribiendo. Se me caen los ojos pero yo sigo escribiendo.

Por si acaso, siempre llevo dos libretas conmigo y diferentes tipos de hojas. Para asegurarme de que puedo decir lo que quiero en el contexto preciso. Ése es el contraste y el incentivo que me regalo con mi colección de cuadernos.

Pesan, pero su peso me recuerda que están ahí, esperando que me exprese, que anote, que sienta, que genere, que cree.

Esperando el brillo de una idea, de varias, de una conclusión, de una pista; sea para mi trabajo o para mí misma. Para mi Narnia particular.

Colección de Cuadernos by Marae (I)
Colección de Cuadernos by Marae (I)

Dejadme escribir

Le he perdido el miedo a la hoja en blanco, al bolígrafo, al teclado. Escribo. Soy escribiente, escribidora. Y esta vez no es una frase de autoayuda ante el bloqueo, es una certeza. Me lo creo. Lo sé. Lo asumo.

Que me dejen escribir, eso es lo que pido: “Dedicarme a escribir” en cualquiera de sus formas monetizadas, que las hay. Ése es el tema donde gano. Donde puedo destacar. Quiero guardar esta sensación, este momento único que Neil Gaiman llama éxito. Es mucho más fugaz que un libro que vende millones de copias: escribo. Mi éxito se resume a eso: estoy escribiendo. Un éxito superficial que para mí es estupendo.

Durante los diez minutos entre la duda y la mano deslizándose sobre el papel, he ganado la partida. Me concentro. Respiro. Ataco. Soy la mejor.