Operación Triunfo: Y tú ¿para qué vales?

Participar en concursos porque…

¡Mamá quiero ser artista! Ha pasado a la historia… ahora lo que se lleva es ¡Mamá, deja de darme la vara con los estudios, que yo voy a ser Gran Hermana! O triunfita, o Factor X o tú sí que lo vales mi arma.

Que no digo yo que algunos concursantes de estos espacios no sean guapos, o no sepan cantar, o bailar o dar triples volteretas con salto mortal y brikindance. No. Lo que me enajena es el bombardeo mediático que intenta convencernos de que todos llevamos un artista dentro y que lo único que tenemos que hacer es presentarnos a un casting para que nos descubran.

Cómo no hacerse famoso en tres lecciones

Primero, no todos llevamos un artista dentro. El talento no sólo es escaso, sino que además está mal repartido. La gente con verdadero talento es excepcional, y, de ella, muy pocos llegan al estrellato. Efímero o no, el talento siempre encuentra dificultades para ser apreciado.

Segundo, el casting no es suficiente. Muchas veces se demuestra que los triunfitos de turno “descubiertos” en el casting tienen una larga carrera a sus espaldas, estudiando solfeo desde los dos añitos y paseándose con la París de Noya (o la que sea) desde los quince. Trabajo, trabajo y trabajo.

Tercero, aún con talento y trabajo, existen otros filtros. Los “hijos de” y allegados siempre lo van a tener más fácil, aunque sólo sea por la red de “gente del mundillo” que les rodea. Y además, tienes que ser guapo/a, delgado/a y no demasiado rebelde, porque a una estrella que empieza no se le permite ponerse político/a, faltaría más.

Participantes de reality

Y vuelvo al tema, que me desvío. Este overbooking de grandes hermanos que se pelean, cantan, cuidan de cerditos, se pierden en una isla y luego bailan está creando una realidad paralela que es muy peligrosa. Con tanto glamour y brillantina de tres al cuarto se pierden valores como el esfuerzo y la empatía. Tampoco sé a dónde va a ir el país (el continente) con tanto cantante, comentarista y presentadora vocacional si no tiene médicos, maestros, bomberos y costureras. Pero lo que realmente me preocupa es el hecho de ver generaciones enteras (la mía incluida) con un ego desmedido y una tolerancia a la frustración muy baja. No sólo nos hacen sufrir con su desafine, su libro infumable o su dramaturgia fantoche, sino que ellos mismos se torturan y deprimen pensando que el mundo es injusto.

Y ocurre en todas las ramas del arte, desde la escritura hasta la pintura. Y detrás arriban hordas de aprovechados, pseudoagentes, editoriales de tres al cuarto, jurados malévolos, que no dudan en sacarle las tripas al incauto que se ha creído el cuento de que es especial. Tú sí que vales mi arma, aunque sólo sea para que el jurado y diez millones de espectadores te puteen durante el cuarto de hora de fama que te toca. O para timarte quinientos euros por imprimir tu libro en pdf y vendérselo a tus allegados.

Hace unos días se suicidó en Francia un concursante de Gran Hermano. No pudo soportar volver a la vida normal. ¿De verdad qué es eso lo que queremos?

Yo ya he apagado la tele. Hace más de tres años.

 

COMMENTS

  • Raelana

    El mundo es injusto… xDDD Creo que se basa un poco en la necesidad que tenemos todos de sentirnos especiales, muchas veces lo que hay que preguntarse es si lo de ser artista, en cualquier rama, lo haces porque realmente te gusta o lo haces por conseguir fama.

    Que conste que no tengo nada en contra de ese tipo de programas, yo he seguido Gran hermano hasta la 11 edición (me he saltado alguna, pero pocas) 😉