Overbooking en Glasgow

Marzo 2013

Glasgow es un aeropuerto muy extraño. Para empezar, no tiene puerta numero 13. Después, las puertas están desordenadas, distribuidas al azar en tres pisos diferentes, y hay que encontrar la tuya con un palo de dos puntas, como si buscaras agua. Solo London City, con su pasillo interminable y su luz de hospital es peor.

Aquel día iba yo camino de Cork, tras un Rennes-Southampton y un Southampton –Glasgow (viva la contactabilidad atlántica) cuando de repente las azafatas nos avisaron de que teníamos dos pasajeros de más en el avión y que si había voluntarios, les cambiarían el billete, se ocuparían del hotel y les ofrecían 250 euros a cada uno.

Igual si estuviese de vacaciones me lo pensaba, pero con una reunión al día siguiente por la mañana en Cork, opté por agachar la cabeza y evitar el contacto visual. No fuera a ser que me ablandasen. Que conste que me lo pensé seriamente, calculando los tiempos. Un domingo, muy cansada tras dos vuelos, igual debería retrasar el siguiente. Pero, si mal no recuerdo, el siguiente a Cork (lo he visto en la pantalla) es a última hora de la mañana.  No puedo perderme media reunión. ¿Y si no conseguimos salir? El avión iba acumulando retraso.

Una fila más allá de la mía, un pasajero negocia su rescate. Si el vuelo es el primero a Dublín y no a Cork, a él le vale Tenemos un voluntario. La cabina aplaude. Con ese mismo acuerdo una señora del medio también se ofrece.

Tenemos una solución y más retraso, hay que sacar las maletas de los dos voluntarios. Me quedo mirándolos mientras se van y me emociono. Me emociona la gente que se deja manipular por una compañía aérea para favorecer a un centenar de desconocidos. Me pregunto si en todos los países será igual o es porque estoy en Escocia camino de Irlanda y aquí la gente es especial o está acostumbrada.

Don’t know!

Decididamente, Glasgow es un aeropuerto muy extraño.

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