Parsimonia de Londres 2012

7ZTZDZYWDHRB

Ahora que ya ha pasado toda la retahíla de deportes, medallas, errores arbitrales y demás mandangas, me atrevo a expresar mi humilde opinión sobre la Ceremonia Inaugural de los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Quizás es porque la vi desde la BBC, media hora más tarde que el resto de los mortales. Quizás es porque me esperaba mucho más (véase Barcelona 92). Quizás es porque soy rara elevada a la enésima potencia. Pero soy consciente de ser de las pocas a las que le ha parecido horrenda. Horrible, horripilante, hórrida,horrorosa, espantosa, espeluznante y esperpéntica. Deshilada, descompensada, abstracta y a veces hasta ofensiva, despectiva y arrogante. Y me quedo corta, pero es porque se me acaba el párrafo.
No voy a relatarla entera porque supongo que muchos ya la habréis visto. Y también supongo por los pocos zápines que he podido ver de TF1 y TVE (¿) que los comentaristas eran mejores en otras cadenas y no sólo traducían el inglés sino también lo que estábamos viendo. Sin embargo no me resisto a apuntillar los momentos en que me llevé las manos a la cabeza por no apuñalar la pantalla.
El primero, los micrófonos de los cantantes. No sé qué genio del sonido los había enchufado, pero no se escuchaba nada. Alguno, y me callo el nombre, casi mejor, pero otros hubiéramos preferido oírlos.
Segundo, el discurso de Kenneth Branagh. No por el contenido, sino por la velocidad de declamación. Señor Branagh, ínclito representante de la escuela de Shakespeare, debería darse cuenta de que está usted hablando para millones de personas en todo el mundo y que los traductores simultáneos de bahasa-indonesio, entre otros, se tuvieron que estar acordando de su señora abuela durante su intervención.
Tercero, la exaltación del sistema taylorista-capitalista. Pasaré por alto la escenita de los ricachones victorianos bailando tecno y el pequeño detalle que la gente de raza negra no se contaba entre ellos. Creo que estas cosas se llaman anacronismos. Lo que me incendia los motores cual Yamaha enfurecida es que en plena crisis financiera, ambiental, política y, sobre todo social, a alguien se le ocurra loar el origen histórico del problema, con gente explotada en primer plano y con las chimeneas contaminándolo todo. Y los ricos sonriendo. Sobran las palabras. Pandemonium, sí. Pandemonium tu abuela, Boyle.
Y seguimos con los niños. Recurso enternecedor a quince pesetas. Me parece fantástico que se defienda la sanidad pública. Lo que no soporto es quince minutos de monstruos haciendo llorar a niños enfermos. Es que no le veo la maldita gracia. Y la enésima versión de Tubular Bells no lo arregla. Y lo que vino después tampoco. Adoro a Rowan Atkinson. Vaya por delante. Pero parodiar una película que habla de superación y solidaridad como Carros de fuego, me parece fuera de lugar. Ver razón en el párrafo anterior.
De una llamada de móvil que atraviesa el tiempo para llegar a los 70 no digo nada. Pero ¿quién leches había oído antes canciones como “I’m Forever Blowing Bubbles?. Burbujas, a mí no se me inflaban las burbujas precisamente. O quizás sí.
Preciosa la voz de Emeli Sandé. Preciosa la danza interpretativa del fuego y el niño. Pero… ¿quién fue el cabestro que pensó que las dos estaban hechas para ir juntas?¿iban cortos de tiempo o qué? ¿o es que una mujer de raza negra no puede cantar ella solita? En la wikipedia se destaca el detalle de que esta escena, recordando a las víctimas del terrorismo, no se retransmitió en los USA. En teoría porque no les atañe (no son sus víctimas) Yo creo que en algún lado había que meter la publicidad.
Del desfile de las delegaciones, decir que hay mucho hortera suelto por Europa, sobre todo en islas y periferias. Los mejores, América Latina. No voy a hablar del chándal de España, sino de una aparición en el transporte de la bandera olímpica, que me dejó patidifusa. La humillación (supuesto homenaje) a Muhamad Alí me infló una parte de anatomía que normalmente no debería tener, doble y esférica. No digo que no tenga que estar, como tenía que estar el inventor de internet, pero… conociendo su condición física ¿no podían haberle reservado un puesto más digno? Un estrado, por ejemplo. Y un cámara menos amarillista también hubiera estado bien.
Total, que muy decepcionada. Tanto que me negué a ver la de clausura. La ceremonia, digo.

 

COMMENTS

  • Merce

    venga va: bueno reconozco que me deje llevar por la emoción inicial o igual por las 3 cañas q me había metidooo….reconozco que alguno de los momentos que detallas no han sido oportunos pero aún así me gusto y la banda sonoraaa muchos más….jiji…

  • Yo vi pedazos, pero debo tener el espíritu crítico en OFF ya que a mí me gustó. Pero reconozco que tu crítica está bien argumentada (en tu caso no iba a ser de otro modo, jejeje). Así que, como siempre y como apunta el sabio refranero popular-> para gustos, colores y para jardines, flores 😉

  • Emilio (díscolo legalista)

    No pretendo alterar tus impresiones personales al respecto, pues, en todo caso, su propia naturaleza ha de ser obviamente subjetiva, pero sí me propongo rebatir punto por punto tus argumentos. Tampoco considero que nuestras discrepancias en esta materia sean especialmente importantes, ni merezcan demasiada atención, pero, por otra parte, me tienta explorar de nuevo la dimensión de polemista encarnizado en asuntos indistintamente banales o transcendentales: los rebatiré, aunque perfectamente podría compartirlos, pero me apetece llevar la contraria.
    1º Los comentaristas televisivos. Debe discernirse lo que es el desarrollo de la ceremonia en sí (una obra escénica monumental), de lo que son los comentarios de profesionales ajenos. Y a propósito, para comentarios “brillantes” los de TVE, especialmente en el transcurso del desfile de atletas, particularmente cuando entraba en el estadio la delegación de algún comité nacional exsoviético. Eso sí, se agradeció que nos proporcionaran el imprescindible dato de que la delegación italiana vestía de Armani (y los de vela de Prada).
    2º Branagh. A pesar de mi rudimentario dominio del inglés, con el que, sin embargo, puedo decir que me gano los garbanzos´(por ahora), no creo que lo fundamental en ese momento fuera entender perfecta e íntegramente el texto que el actor declamaba, sino que, mediante esa declamación, se ponía de manifiesto ese jalón fundamental de la literatura anglosajona y universal que representa la obra del dramaturgo inglés por antonomasia. E imagino que a los comentaristas les bastaría con referirse al guión con el que seguro contaban para indicar a su audiencia que se trataba de eso, de un fragmento de una pieza de Shakespeare. Y no era preciso más. Querer que la declamación se altere para acomodarse a un público global, que su esencia se manipule para hacerlo presuntamente más asequible, no sería otra cosa que ultrajar, profanar, traicionar lo que debía ser un homenaje.
    3º Burgueses capitalistas. Nuestras lecturas de este episodio difieren radicalmente. En directo lo aprecié como el reflejo de una parte de su historia, la que les permitió convertirse en potencia hegemónica en su día; y en concreto, el retrato de los burgueses me pareció caricaturesco, acentuando exageradas muestras de satisfacción ante la masa proletaria y ante el desastre ambiental que llenaban sus bolsillos e hinchaban sus vientres. Caricatura, caricatura y denuncia de su crueldad.
    Podría continuar, pero se me ha hecho tarde. Pido disculpas.

  • Pedazo comentario, Emilio, es para sacarse el sombrero… Totalmente en desacuerdo. que conste que discrepo en tu ánimo denodado de justificar lo injustificable, de buscarle corazón (y humor) al Imperio . He dicho 😉