Perdidos sin el Smartphone

A finales de Junio se dio la enorme casualidad de que organizábamos una conferencia sobre Cooperación Territorial en mi ciudad. Así que pude ir a casa para San Juan, y por motivos de trabajo. Después de seis meses sin pisar Galicia.

Me levanté el veintitrés por la mañana. Como iba con vueling y tenía sobrepeso, reservé una maleta online. “Empezamos bien” me dije, cuando el chintófano no me dio confirmación. Salí a la calle a esperar el taxi, y éste llegó con retraso. No me gusta correr por la estación y menos cuando arrastro treinta kilos, así que cuando llegué al tren estaba sofocada y con los pelos de punta.

Había tenido suerte con el billete y tenía una plaza de primera a precio de segunda. Sola, en un sofá repanchingado al lado de la ventana. Tres horitas de tren y un par de espera en el aeropuerto y ¡a volar! Ilusa. Soy una ilusa.

A los cuarenta minutos de marcha, el tren se detiene en medio de las vías, sin ningún motivo. Diez minutos más tarde el revisor nos avisa por el altavoz. “Estamos parados en la vía y no sé por qué. Seguiremos informando”. Diez minutos después, nos explica que el TGV de París se ha parado (es decir, que se ha estropeado o escoñado, no sabemos) antes de llegar a una estación y no podemos pasar. Y diez minutos más tarde, arrancamos. Vale, el viaje Rennes- Roissy dura tres horas. Pero yo nunca lo he hecho en tres horas. Por h o por b siempre hay un retraso de entre veinte y cuarenta minutos, que siempre tengo en cuenta al reservar el billete de avión.

Al rato, nos llega otro mensaje del revisor, algo desesperado por el retraso del tren. “La persona que haya encontrado o que por equivocación haya cogido mi teléfono de servicio, por favor, que me lo devuelva, para poder informar a los pasajeros de los enlaces a cambiar”. Aprovechando que mi sillón es más grande que yo, me escojono viva yo sola. Como el resto del vagón de primera.

La risa se nos cortó al cuarto de hora, cuando vuelve a salir el revisor, más cabreadillo, diciendo: “Respecto al robo del teléfono de servicio del revisor, les informamos que se procederá al registro de los equipajes en la próxima estación”.  Su madre y su abuela. Es un tren que va al aeropuerto. Con doce vagones, unas sesenta personas por vagón. Si se ponen a registrar todo, no llegamos. Aparte de que a mí o me traen un policía y un juez o la maleta la abre San Juan acompañado del dragón. ¡Vamos hombre!

Llegamos a la siguiente estación y no sucede nada. La gente sube, baja, nos acoplan otro tren… Arrancamos. Vuelve a salir el revisor, ya con voz de pito. “Señoras y Señores les habla de nuevo el revisor. Quiero informar a la persona que me ha cogido el telefono de que es un modelo samsung geolocalizable y por lo tanto inutilizable”. ¿Inutilizable? ¡¡Inútil!! Tú lo que eres es un inútil, revisor de tres al cuarto, ¡¡que llevas el Smartphone colgado del cinturón y no te das ni cuenta de que lo has perdido!!!

Con los cuarenta minutos de retraso de rigor, llego al aeropuerto. Y allá me voy, con vueling a Santiago. ¿El Smartphone? I do not know.