Pizza italiana con salsa topicazo

Noviembre de 2014 – Pizza en Bruselas

Llegué al restaurante intentando que no se me notase mucho el emplasto de legañas y rimmel que me cubría los ojos. Suelo coger el tren de las 6.30 a París para llegar a Bruselas a la hora de comer, pero el palizón me deja medio zombi y k.o tres cuartos. En esos momentos sólo quiero una pizza. Grande. Enorme. Descomunal.

Me metí en aquel restaurante porque tenía un vago recuerdo de que se comía bien y no era muy caro. El camarero que me recibió me miraba sonriente desde quince centímetros más abajo. En italiano, le pedí una mesa para mí sola. Me respondió en el mismo idioma:

** ¿Estás sola? ¡No te preocupes, que para eso estoy yo!

Me extrañó que me tuteara pero no le di mucha importancia.  Hasta que oí que trataba de usted a todo el restaurante menos a mí.

¿Me está usted tirando los tejos?

Siempre he sido pésima para detectar las señales masculinas. Y si además no duermo, tengo hambre y se me pega el rímmel, es que ni me lo planteo. La comida pasó entre miraditas, sonrisitas, un déjame que te coloque la servilleta y toma más agua mi niña.

Y yo sin hacerle ni puñetero caso. Es que ni protesté. Estaba tan dormida, tan cansada, tan aturdida que hasta me equivoqué al poner el pin de la tarjeta al ir a pagar.

Eso sí, cuando me pidió el número de teléfono lo empecé a ver todo más claro. Diáfano. Y cuando comprobé que me había cobrado de menos supe que era amor de verdad.

Promesas

Le dije que mi número no le iba a servir de nada. Que vivía en Francia, con mi novio y con mi gata. Su respuesta me dejó apabullada.

** Yo sé que volverás

Hada Madrina, de mayor quiero una autoestima así, oye. Ni me acuerdo de cómo era. Por mí, podría ser el mismísimo James Purefoy que la respuesta hubiese sido la misma. No me interesas, chato.

Y él tan campante. Adiós cariño, ya volverás.

Para colmo, al salir llamé a mi novio. ¿Me apoyó? No. ¿Se puso celoso? Tampoco. Se partió de la risa en mi propia cara (oreja). ¿Será posible?

Nota al pie: Esta historia es real. Pero me niego a daros la dirección del restaurante, no vaya a ser.