Pizza a los tres errores

Habiendo salido de Manchester a esa hora en que ni siquiera están puestas las calles, llegué a Rennes muerta de hambre. Eran casi las dos (muy tarde en Francia), así que mi única solución era comer en la estación.

El restaurante ya ni siquiera está en el mismo edificio, que está en obras. En medio y medio del patio de entrada han puesto una casa prefabricada con muchas ventanas y un par de sillas y mesas. Dicen que es un restaurante para 80 personas. Para que os hagáis una idea, hace treinta años hacíamos cosas parecidas con una caja de zapatos y unos cuantos playmobil.

Comida rápida

El menú es rápido. Rápido de escoger. Hay dos platos del día y dos tipos de pizza. Le pedí una al chico de la caja. Mientras anotaba mi pedido el veinteañero le iba explicando a un cliente habitual los cambios geográficos y logísticos del establecimiento.

Sorbiendo mi cocacola y leyendo mi libro, pasé media hora esperando. Al ver que ya no había trasiego de clientes y que incluso estaban limpiando las mesas, me levanté.

El chico de la caja se había olvidado de pedir mi pizza a la cocina.

– Media hora me parece inaceptable. Un restaurante en una estación debería ser más eficiente

– Tiene usted razón- me dijo la dueña del lugar- Es que el chico es nuevo. ¿Le pongo otra cocacola? Invita la casa.

La primera aún tenía dos tercios, así que la rechacé. Me propuso ponerme la pizza para llevar y tampoco quise. Tras varios días de bocadillos y demasiadas horas de viaje, la idea era comer en una mesa.

Cuando llegó mi pizza (modelo congelada) estaba fría. Pero yo estaba calentita y fui rumiando mi respuesta. Terminé de comer y me acerqué a dejarle la bandeja al chico de la caja.

– Lo siento mucho – me dijo, sin sentirlo en absoluto.

Los tres errores

Le respondí con mi voz más bajita, sin acritud. Con el tono de las preces en la misa. Él mantuvo su actitud distante. Como si aquello no fuese con él.

–  No me pida usted disculpas. Ha cometido usted tres errores, que tarde o temprano, tendrá que asumir. El primero es olvidarse mi pizza, cosa que puede suceder. Olvidarse y no darse cuenta hasta que el cliente se queja, ya es más grave. El segundo error, es hablar con los clientes mientras recoge los pedidos. Y como usted estaba hablando mal de su trabajo, me ha permitido comprender dos cosas.

El chico no se movía y tenía su mirada clavada en el suelo. Los brazos cruzados. Pero yo seguí a lo mío.

-Una, que estaba pensando en largarse y no en lo que hacía. Y dos, que su jefa ha mentido para protegerle, ya que no es usted nuevo. Eso me conduce al tercer error. Ha dejado usted vendida a su patrona. Ha sido ella quien se ha disculpado, ha sido ella quien ha buscado una solución, mientras usted callaba y nos miraba a ambas de brazos cruzados. Y eso es el peor error que se puede cometer en una situación como esta. Dejar vendida a su patrona dice muy poco de usted. Espero que no lo olvide. Buenas tardes.

Y con la misma, recogí mi maleta y me fui a trabajar.