Por qué se llama fallo

Hace unos meses que no me presento a concursos. Una porque no tengo tiempo de preparar nada. Otra porque hace tiempo que no escribo nada nuevo. Y sin embargo, hoy quiero hablaros de la tercera razón: Estoy desarrollando fobia al fallo.

(La foto es de El_Alex, by the way)

¿Qué es un fallo? En el caso de los concursos artísticos, un fallo es la decisión final del jurado. A aquellos que contesten que un fallo es un error, les diré que no andan muy errados. Los herrados, sí, con H, son, algunos jurados de pacotilla que le multiplican a una las ganas de cambiar la pluma por un Kalashnikov.

En comparación con otros países como Francia, en España tenemos una inflación de concursos. Con el añadido que al compartir lengua también existen posibilidades al otro lado del charco.  Los grados de “selectividad” varían y hay que ser todo un experto para concursar, ya que el factor suerte es el menos común de los factores.

Hay concursos que son tan específicos que la creatividad tiende a desaparecer y uno se encuentra con la sensación de haber vuelto a la EGB, haciendo la redacción que la seño nos ha pedido para el lunes.  Hay jurados que son secretos, y nunca sabemos quién se ha arrogado el derecho de juzgarnos. Hay jurados, que en su búsqueda de sencillez y parafraseando a David Trueba, le otorgan el Triunfito al más zoquete.  De una manera tan obvia que el primer impulso es retirar la obra del concurso. El segundo es más simple, consiste en sentirse gilipollas.

Hay jurados que no sé yo lo que han jurado, porque su legitimidad es dudosa. Primero, los jurados que son juez y parte. Hay concursos donde los propios miembros del jurado pueden presentarse. Eso sí, con seudónimo, no vaya a ser que no se respete el anonimato. Otra versión, un poco más light, es cuando gana el primo, el sobrino o el marido de los organizadores y/o del jurado.

Segundo, los jurados carteristas. Esta especie se define por fallar (y nunca mejor dicho) a favor de doscientos o trescientos concursantes con el fin de publicar un libro con los doscientos o trescientos textos, de calidades variadas, pero a quién le importa, ya que  el libro (autoeditado, o casi) será curiosamente comprado por doscientas o trescientas personas. En varios ejemplares.

No tengo nada en contra de las antologías, que conste. He participado en varias y siempre me he alegrado de compartir portada. Lo que me  hace girar la cabeza cual Carrie descontrolada son las “Wikipedia Simpson del Microrrelato”(o poema), donde van las obras a bulto, sin primeros ni finalistas, en una igualdad utópica y a precio de amigo.

Últimamente me encuentro sobre todo con un tercer tipo, los jurados malandrines. Organizadores que comenzaron con mucha ilusión, con mucha publicidad y taconeo, luz de farándula y cuatro o cinco palmeros, pero que, dos o tres meses después de la fecha prevista (y anunciada) del fallo, todavía no se han pronunciado. Nada

Y nada es nada. No es un aviso de “la participación ha superado nuestras posibilidades, estamos haciendo lo posible”. O una advertencia tipo “el fallo se retrasa cuatro meses”. No. Es esa actitud de “yo mando” y “lo que tú  pienses / necesites me lo paso por el forro de los colgarejos“.  Da igual que los doscientos ó trescientos concursantes les cosan a preguntas, mails, mensajes de facebook y cócteles molotov.

Desaparecidos en combate. Gamberros literarios.

 

COMMENTS

  • Raelana

    Cuando llevas ya unos cuantos concursos a tus espaldas ya te vas haciendo a la idea de lo que hay y no te presentas a todo, yo al menos lo hago así. Cuando lo organiza una editorial, antes que las bases miro qué editorial es y si es de autoedición, o hago búsquedas por google, que si hay algo raro, en algún sitio se ha comentado. Si el problema es el retraso del fallo, pues ahi valoro la actitud del organizador. Siempre cuento que una vez fui jurado, tuvimos muchos problemas, sé lo que es. Si eres humilde y aceptas que las cosas te sobrepasan, lo cuentas, das una una fecha y pides paciencia… yo eso lo comprendo. Las actitudes de otros concursos, que no responden a las preguntas o que te responden de manera chulesca… pues eso no lo tolero. Llegué a retirar una vez un relato de un concurso por eso, y hay concursos donde ya pasé una experiencia y no me voy a volver a presentar.

    Se trata de ir escogiendo.

    ¡Un abrazo!!

    Rae

  • fatima dovigo prieto

    Apadrino éste 🙂