Receta para quemar un pastel

Hablando de Ambizurdia, explicaba la angustia que me producen los trabajos manuales. Hace unas semanas me atreví con un pastel y ganó el pastel. Nos quedamos sin postre, “pero la aventura hará un bonito cadáver en Esto no es Yugoslavia” me dije, para consolarme.

ADVERTENCIA: No repitan este experimento en sus casas

Google nunca cocinará mejor que la abuela

Cogí una receta al azar. Una cualquiera en google, bajo las palabras mágicas “Pastel de Chocolate Fácil.” Para principiantes, a poder ser.

Terminé en una web de cocina para hombres con una receta de cinco líneas. Fácil. Compré los ingredientes, de todo menos chocolate. Extraño pero ¿quién quiere una tableta de VALOR cuando tienes un paquete de levadura del LIDL? Con una leche con cacao basta.

La leche me la daría después.

Crónica de un fracaso anunciado

Oh sorpresa, cuando quise mezclar los ingredientes, me faltaba algo. Esa mezcla no se fundía /aleaba /fusionaba sola. Busqué entonces otra receta (documéntese señorita, es la clave del futuro) y la retomé en el paso tres, sin encomendarme ni a Dios ni al diablo.

Curioso, tampoco funcionó.

Para más inri, tampoco me iba el horno. Mi novio estaba justo arreglando la cocina. El electrodoméstico. Que digo yo que si es por jorobar, tanto insistirme “Cariño, haz el pastel hoy” para luego ponerse a desmontar la cocina y sacar tuberías por todas partes.

Empanada hecha con estas manitas. Pero pastel no me pidas. Foto Marae
Empanada hecha con estas manitas. Pero pastel no me pidas. Foto Marae

El baile de la pasta pastelera

Para hacer tiempo, me puse a perforar papeles de regalo reusados con mis perforadoras de scrapbooking, dejando todo tal cual. Huevos abiertos, yemas en el bol y claras batidas en la fuente a punto de escarcha (sí, de escarcha)

Idea de bombero, para conseguir refundir la pasta y chocolatear el todo, calenté un vaso de leche en el micro-ondas, le añadí cola-cao y lo uní a la mezcla, con un dalky de chocolate versión francesa, que es asquerosa.

El mandil no hace pastelera

Rezándole un rosario a Santa Eufrasia de los desastres en la cocina y a San Pascasio Culinario, metí el resultado de la compota-variada-color-marrón en el horno. Las dos recetas coinciden: “a fuego medio”.

¿Qué coño es fuego medio?

Bueno, pues el que estaba en la mitad de la rosca del horno. 200 grados.

A la media hora, el cuchillo salía todavía manchado, así que decidí dejarlo un rato más. Lo suficiente para preparar una ensalada variada.

Dando a oscuridad

Primero lo puse al calor del horno, y luego a 200 y cuando me cansé de esperar, llamé a mi novio para que asistiese al gran momento.

Parecía un pastel.

Parecía un pastel chamuscado y era un pastel chamuscado. Todavía no se había carbonizado el interior, pero el gusto (y el olor) eran deleznables, como comer masa de pan que no sabe a pan. El peor coso (¿postre?) que he probado nunca.

La plastilina del cole sabía mejor.

¡Menos mal que nos quedaba la ensalada!

Patricia Waller: Broken Heroes
Patricia Waller: Broken Heroes

Sobrada de sobras

No lo estropeé por falta de confianza en mí misma. Lo estropeé por exceso. Como la comida se me da bien, pues pensé que los postres también se me darían bien. Si soy capaz de hacer lentejas, ¿por qué no voy a poder hacer un bizcocho de chocolate?

Mi angelito malo me dice que lo quemé a propósito, “inconscientemente”, pero a posta. Lo quemé para no saber si estaba bueno o no.

Si era eso, lo conseguí de sobras…

 

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