Revolución Pato Lógica

Todos los patitos se fueron a nadar, y el más pequeñito se quiso ahogar. Su madre enfadada le quiso pegar y el pobre patito se puso a llorar“, cantaban mis primas pequeñas cuando estaban aprendiendo a hablar.

Patosa era mi segundo nombre en la escuela…

Estos días ando yo muy pesada con el blog, cambiándole el título, la dirección web y repescando viejos posts, tweeteándolos a ver si resucitan.

A Dios pongo por testigo de que esta vez no es un intento de resurrección, es que mi blog ha cobrado vida y se ha convertido en un zombi que viene directamente a por mí.

¿Alguien se acuerda de mi post “Me han robado los patos”? En él contaba la gran decepción que supuso para mí ir al parque de Santa Margarita, corriendo hacia el estanque de los patos, para descubrir que aquello ya no era ni parque, ni tenía estanque ni (casi) quedaban patos.

El caso es que nunca en mi vida he tenido patos. Ni siquiera de peluche, o de goma. Hasta el retrete lo limpiamos con lejía y no con Pato WC. Lo más parecido que he tenido es una camiseta de tirantes del Pato Lucas. O los dos patos de chocolate que se juntaron en casa de mi prima para celebrar mi cumpleaños, casualmente el vigésimo segundo. Veintidós, los dos patitos.

Quizás es por eso que me duele tanto “la extinción” de estos animales, de los palmípedos, en el parque de mi ciudad. Si quiero ver patos voy a tener que grabármelos en DVD, seguir una página de Facebook, inventarme un software, o pedirle a Shakira, Miley Cirus o la Pantoja que apadrinen el charco con vallas que queda como funesto testimonio de lo que un día fue un paraíso para los niños.

Sin embargo, como decía, mi blog ha decidido no limitarse a esperar que yo cuente lo que sucede en mi vida. Ha optado por empezar a influenciarla.  Mucho protesté por mis patos perdidos. Tanto, que el mes pasado he recibido como regalo dos patos de goma. De gente distinta y en países diferentes. Los podéis ver en la foto que adorna este post.

Como me dijo una amiga, si la cosa sigue así, pronto podré tener mi propio estanque.