Ricardo Arjona

Cuando estaba en primero de carrera, un par de días después de la Prehistoria, un compañero de clase me regaló un CD. Pese a que no hacía mucho que había empezado el curso, el chico me conocía bien.  “Este cantante te va a gustar. Va mucho contigo y con lo que escribes”, me dijo.

Me acuerdo que la primera vez que lo escuché estaba en la sala de informática de mi residencia universitaria, haciendo un trabajo, y tuve que parar de escribir. Las historias de las canciones eran duras, eran amargas, pero las letras, las palabras que el cantante utilizaba eran sencillas. Con ejemplos de andar por casa en mis cascos bailaban la hipocresía, el desamor, el adulterio, la ecología y la desesperanza.

En mi último año de carrera, para el concierto de fin de curso, la elección era obvia. “Noticiero” se ajustaba perfectamente a la frustración que acompaña el fin de la época estudiante.

No es más bueno el que ayuda, sino el que no jode, acuérdese”, reza la canción. Y eso canté yo, un poco afónica, un bastante jodida y un algo frustrada. Nunca lo he olvidado.

En 2004, en Namibia, descubrí que Ricardo era de Guatemala. Siempre pensé que era mexicano, vaya usted a saber porqué.

Hace un par de años, conocí a gente estupenda, cantando a dos voces “Dime si él” de Arjona en un karaoke.

Hoy, década y media después de aquel cd que todavía conservo, sigo siendo admiradora suya. Hay personas que te hablan al oído. A mí Arjona me grita directamente al corazón.

Por si alguien no lo conoce, aquí os dejo una de mis canciones favoritas.