Ser escritor: Paranoia, empatía y obsesión

Ser o no ser (escritor)

Fue una de esas noches de insomnio en que te levantas a las 6 de la mañana porque sí y no por obligación. Me dio por preguntarme si soy escritora. Mi madre dice que sí, que desde pequeña, que ya me vale, que qué preguntas más tontas le hago. O sea, ser o no ser escritor, esa es la cuestión.

Claro que la creo. Es mi madre. Nunca me mentiría, ni siquiera para hacerme feliz. Pero con esto de estar escribiendo mi tesis doctoral aprendí que hay que demostrar las cosas con hipótesis, investigación, refutación y desarrollo. Mientras no me tocan King, Bennet o Ferris en la book jar me he puesto a cotillear en blogs y webs sobre el tema.

Hoy me han inspirado Tes Nehuén, Alberto di Francisco,  Abel Amutxategi (Roal Dahl), Toni Santillán (Ian McEwan) y  Miguel Ángel Alonso.

Conclusiones:

  1. El escritor (o la escritora) es, ante todo, lector. Lector compulsivo, adicto, paranoico.
  2. Es curioso. No en la acepción de rarito (que también). Curioso por saber, por llegar al fondo de las cosas y por probarlo todo. Aunque dé miedo y esté oscuro.
  3. También es sensible. Es capaz de ponerse en los zapatos del otro, aunque el otro sea un gato de tres meses, una tormenta tsunami o un monstruo milenario.
  4. Es constante y perfeccionista. La guerra contra la hoja en blanco se gana tras muchas batallas, no llega con sentarse y escribir. Aunque es buen comienzo.
  5. Tiene una imaginación desbordante, rayana en la locura (ya os dije que era rarito.)
  6. No se toma a sí mismo demasiado en serio. Ni a su obra. El humor y la autocrítica son brújulas imprescindibles.
  7. Se cuida. Mens sana in corpore sano. Aunque luego las maratones consistan en el Nanowrimo anual.

¿Se me olvida alguna? ¿Coincidís con el diagnóstico? ¿El escritor nace o se hace? ¿Estudia o trabaja? ¿Lleva desodorante con olor a nubes?