Sincronías

Dice la wikipedia que la sincronía Se entiende como un término que se refiere a coincidencia en el tiempo o simultaneidad de hechos o fenómenos”. Me gusta un poco más la definición de Juna Albert que dice que “si pensamos nuestra vida como una novela, entonces los momentos sincronísticos son aquellos momentos en que la trama de la novela se manifiesta de forma significativa

Desde hace un tiempo, en esta reflexión que me lleva y que me traigo con la Creatividad (sí, con mayúscula) me ha dado por pararme cada vez que me encuentro una y anotarla. A veces son pequeñas, a veces son enormes, pero todas bien hiladas en un continuum perfecto, como si al Gran Narrador le gustase chotearse de mí.

Hoy os regalo unas cuantas. Si os gustan, tengo más.

Del bus al buzón

Volviendo del trabajo en el urbano, mi dedo cobró vida y le dio al timbre, solicitando la parada una antes de la debida. Como era la única pasajera en haberlo pedido, me bajé, refunfuñándome a mí misma. Hasta que de repente me acordé… Bueno, no me acordé, vi delante de mí el buzón y me di cuenta de que mi bolso estaba lleno de postales que tenía que enviar.

Insisto. El dedo se movió solo.

Facebook y otros escaparates

Como ya he contado, me he cambiado el perfil de “persona” a página en la red azul. En ello estaba, refunfuñando como siempre porque no me enteraba de nada, cuando Betty (@bettyromerito) sacó una infografía en Pinterest sobre cómo mejorar las páginas. No, ninguna sabía lo que estaba haciendo la otra.

Hace un par de días, como la noche había sido corta, iba yo por la calle echando los hígados y diciéndome “tengo más náuseas que una embarazada” (lo que no es el caso) y cuando levanté la mirada para fijarme en el coche aparcado frente a mí, un fantástico letrero de bebé a bordo me sonreía desde el parabrisas. La próxima vez prometo pedir 500 euros.

Cuando el Gran Narrador se chotea de mí

Aunque la mejor sucedió estas navidades pasadas. Perdida en el medio del barrio de Eirís en Coruña (que más que un barrio es un pueblo entero, de largo que es) iba yo rezongándole a mi amiga que ya le valía haberse cambiado de casa y no decirme nada. “Cógete un taxi” me dijo. Y yo tan ancha le respondí “¿Cómo leches voy a encontrar un taxi en el medio de Eirís?”.

En ese preciso momento un taxi vacío se paró delante de mis atónitas narices. Al conductor se le había quedado trabada la puerta y había tenido que pararse en ese preciso instante en ese preciso lugar. La definición misma de la sincronía, oiga.

Alucinada, le colgué a mi amiga. “Ya tengo el taxi. Voy pallá.”