Topándome con personajes que se escapan de los libros

Un pirata al lado de Carrefour
Entre las muchas cosas que estoy leyendo a la vez, está la saga de Elric de Melniboné, de Michael Moorcock. En el primer libro, el autor nos describe una batalla naval, donde una flota de barcos piratas intenta invadir Melniboné y Elric sale, al mando de los barcos de la isla imperial, a detenerlos.

La batalla está narrada con mucho detalle y te da la impresión de estar ahí, en cubierta, dándote de palos con una serie de desalmados, de ambos bandos. Eso iba leyendo yo en el bus para el trabajo, cuando llegó mi parada y me bajé. Iba camino del Carrefour, para comprar café y víveres, para sobrevivir a la semana (era lunes), cuando, de repente, abro bien los ojos y…

Sí, este señor que me sonríe y se burla un poco de mi sorpresa, es un pirata. Un pirata de la cabeza a los pies, con su sombrero, su parche, su barba, sus pantalones ajustados y sus botas, sus pendientes y sus dientes amarillos.

No sé dónde había dejado aparcado el barco, porque el río de Rennes, la Vilaine, no es lo bastante profundo; sin embargo, os puedo confesar que mi susto fue mayúsculo.

 

Rebecca sin Ivanhoe

Ya lo he contado, pero ya que estamos con personajes que se salen de libros, os diré que también me he cruzado con una de las dos mujeres protagonistas de Ivanhoe. Rebecca, la hermosa curandera judía que se enamora perdidamente de Ivanhoe.

Esta vez creo que había cambiado de religión, y ya no era judía sino musulmana (los tiempos cambian), pero era la misma, con sus ojos profundos, su manto, su sonrisa y sus enormes conocimientos de salud.

Con el libro de Ivanhoe en el bolso, me la crucé esperando el ascensor; en la estación de trenes del aeropuerto de Roissy-Charles de Gaulle. Ella llevaba una jaula con un conejo precioso dentro y yo me quedé hipnotizada mirándolo. Al ver que yo era alérgica (me estaba sonando la nariz) se preocupó por mi salud. Ya no me acuerdo de sus consejos, pero seguramente eran acertados.