Una caja de palabras: Sacando la inspiración de la chistera

Inspiración: Lo más difícil de escribir, es ponerse a escribir.

Ahora que ya ha empezado el Nanowrimo Camp, muchos escritores van por ahí, de foro en foro, como almas en pena, preguntando cómo enfrentarse a la hoja en blanco. Como primera solución, existen varios libros y páginas web con “prompts” (temas sobre los que escribir) que se pueden encontrar en cualquier librería on-line o con una simple búsqueda.

Sin embargo, estos “prompts” tienen algunos defectos:

– Se repiten. Poco importa que alternemos entre libros y webs, al final son todos los mismos. Te pueden cambiar una señora gorda por un enano calvo, pero al final te los encuentras a ambos en el ascensor.

– Están formulados como las redacciones que teníamos en EGB (o Secundaria). Sentirse obligado y juzgado no facilita la creatividad.

– Son bastante obvios y esa condición puede matar la inspiración. La generalidad es estricnina para las musas.

Pese a que tengo varios libros de prompts que utilizo de vez en cuando, estuve un tiempo buscando una herramienta “para mí”. ¿Cómo sacar de mi cabeza bloqueada mis propios temas?

Al principio probé la técnica de abrir un libro por cualquier página y leer una frase al azar. Pero me encontré con dos tipos de obstáculo. De primero, los mismos defectos mencionados arriba. De segundo, es que si la frase me gustaba mucho, me ponía a leer (o releer) el libro. Total, que tampoco escribía.

 Hasta que encontré la horma de mi zapato. Bueno, la horma no, la caja. Siempre he coleccionado recortes de revistas, que me sirven para hacer manualidades varias o recuperar citas de entrevistas sin perder mucho tiempo. Necesitaba ponerlas en algún sitio, así que forré una caja de zapatos.  Y allí fui metiendo frases diversas y variadas, recortes interesantes y palabras con tipografía bonita (para el scrapbooking).

Hace un par de años, me di cuenta de que, aparte de guardar, la dichosa caja también podría servir para escribir. Así que cuando me atasco, abro la caja, saco un papel al azar, y tiro p’alante. Si es un recorte, tengo que seguir la historia. Si es una palabra, tengo que encajarla en el párrafo siguiente. Si es una frase, pues toca diálogo. Etc.…

Funciona.